RECUERDOS ROTOS

Aparqué el coche sin muchas dificultades.

Antes de bajar le pregunté si quería venir conmigo.

– Tienes que ir solo – me recordó. Tenía razón, era una cosa que quería hacer des de hace muchos años.

Se queda en el coche y no me mira en ningún momento. No mira nada en concreto, su mirada está perdida y está pensando en alguna cosa. El viento juega con los rizos negros que no le cubre la gorra. No parece importarle.

A mesura que camino por la larga carretera me doy cuenta de que el pueblo ha cambiado… ha cambiado mucho.

Estoy en shock.

Casi todo está edificado y está lleno de turistas. Tiendas, bares y restaurantes con nombres ridículos… siempre me he preguntado quién elige estos nombres. La música que suena es estridente y absurda supongo que es la que está de moda. Esta música es en cierta manera vacía no me logra transmitir nada. Era curioso, pienso, por haber dejado de mirar la televisión y no ir a ninguna discoteca ni festival musical los últimos años había dejado de saber qué era actual o no. No sabía el nombre de ninguna canción de las que sonaban ni me importaba. Como siempre yo estaba fuera de lugar.

La gente lleva poca ropa. La mayoría llevan tan solo el bañador y hay pocas mujeres que lleven vestidos. También hay mucho ruido de fondo  demasiado ruido. Creo que eso fue lo que me molesta más, el ruido.

Recuerdo la playa en aquellas horas como un lugar calmado…

Cuando era adolescente nos reuníamos todos en la playa al anochecer, nos sentábamos en la arena la mayoría de las veces sin decirnos nada. A veces, Mia llevaba la guitara de su padre quien nos contó era un aspirante a músico pero como se le daba fatal decidió cursar la carrera de Derecho y ejercer la carrera de abogado. Luego, Travis daba golpes a la guitara suavemente con los dedos pensando en que canción tocar aquel día. Por mucho que lo pensase por alguna extraña razón la canción con la que empezaba siempre terminaba siendo la misma, Wonderwall de Oasis. Lea cerraba los ojos y movía ligeramente la cabeza cantando la canción y Frank se estiraba en la arena.

No había nada de ruido. La manera en que tocaba Travis y la voz de Lea se integraban perfectamente al silencio. Creo que no sería cursi decir que estaban en perfecta armonía con el silencio.

Íbamos a patinar, a dar una vuelta, cogíamos el tren para ir a la ciudad, también nadábamos en la playa pero en los anocheceres la playa era nuestro lugar de reunión donde desconectábamos del mundo.

Y me molesta el hecho de que la playa este repleta de desconocidos ruidosos y molestos.

Supongo que no asimilo el hecho de que el pueblo donde pase mi infancia y mi adolescencia haya pasado a ser un pueblo turístico sin personalidad.

La verdad es irónico que yo diga eso teniendo en cuenta lo mucho que llegué a odiar este pueblo. Lo odiaba por estar lleno de gente mayor y que prácticamente los únicos adolescentes si más no de mi generación fuéramos nosotros. No  me gustaba el sentimiento de estar aislado del mundo era como si estuviese protegido por una capa invisible que evitase que aquel pueblo se modernizara, no había ningún lugar para jóvenes, ni había mucho que hacer. Aquel pueblo no estaba hecho para jóvenes . Supongo que es aquella la razón por la que nos llevábamos bien, no era una amistad forzada, pero sabíamos que si éramos amigos la vida en aquel maldito pueblo sería más llevadera. Quien sabe si hubiéramos vivido en la ciudad o en otro pueblo si hubiéramos sido amigos. Siempre me ha gustado el juego del “y si …” y todas las posibilidades que conlleva aunque el precio que haya que pagar siempre sea el mismo: la nostalgia. A pesar de todo, podíamos ir ocasionalmente una o dos veces a la semana a la ciudad en tren. Cuando lo cogíamos para ir al instituto nos quedábamos a la ciudad hasta al anochecer curiosamente todos íbamos a institutos diferentes excepto yo y Travis que íbamos en un instituto público, Frank iba a un instituto concertado, Mia iba un instituto privado y Lea iba a un instituto católico privado.

En fin, recuerdos, recuerdos rotos.

Siento nostalgia, mucha nostalgia pero da igual ahora.

“Hay cosas que no hay que intentar cambiar, hay cosas que no hace falta remover, si sigues hurgando en la herida no cicatrizará nunca” me dice una pequeña voz.

Intento silenciar mis pensamientos sin éxito.

Pero tengo que ir, me digo a mí mismo.

He llegado a la playa aún me falta un largo camino para llegar al centro del pueblo pero me apetece un descanso.

Me quitó las deportivas y me siento en la arena. Soy el único que lleva pantalones largos… me siento fuera de lugar y contrasto con toda la gente pero todas mis preocupaciones banales desaparecen cuando observo el mar. Siempre me ha gustado observar el mar, me transmite calma y me hace reflexionar.

Les quiero preguntar porque justo en finalizar el instituto nos separamos y no volvimos a hablarnos.

Quizá querían ampliar horizontes, quizá querían romper con su infancia y adolescencia y empezar una nueva vida en la ciudad.

¿Por qué había accedido yo a aquella separación?

No lo sé ni lo sabía en aquel entonces. Siempre he sido el tipo de personas que aceptan todo tipo de circunstancias pensando que debe haber alguna razón que escapa cualquier lógica pero que con el tiempo entenderán. La vida no funciona de esta manera.

Habían pasado diez años y seguía sin entenderlo quería una buena explicación. Me debían una explicación.

Lo de la separación  lo propuso Travis y Lea decían que aquella amistad se había desgastado demasiado, que si queríamos vivir una nueva vida en la universidad teníamos que romper con aquella amistad lo más pronto posible.

Pero yo no lo entendí en aquel entonces y seguía sin entenderlo. ¿Por qué había que romper con el pasado para empezar con algo nuevo?

Solo los quería ver de nuevo.

Hablar con ellos, sentarnos en la playa y oír a Lea cantando Wonderwall mientras Travis tocaba la guitara.

¿Cómo era la canción?

Pienso unos minutos.

Solo me acuerdo del estribillo por mucho que la escuche no se me ha quedado por completo. Siempre me ha costado acordarme de canciones. El estribillo de la canción decía:

I said maybe

You’re gonna be the one that saves me

And after all

You’re my wonderwall

Pero…

En aquel momento me di cuenta.

¿Qué hacía yo allí?

Hacía siete años que no sabía nada de ellos. Al empezar la universidad toda mi familia (mis padres, yo y Edgar el gato) nos trasladamos a la ciudad. Luego en finalizar mis estudios empecé a trabajar en una oficina, le conocí y nos fuimos a vivir en la capital ya que se valoraba más mi trabajo.

Cuando me dijeron que querían romper con aquella amistad accedí. Obviamente que acceda a algo no significa que me guste pero no he sido nunca del tipo de personas que rebelan y dicen lo que piensan simplemente me lo quedo para mí. Es más fácil que decidan por ti y seguir la corriente ¿no? No tenía otra opción todos pensaban que era una buena idea. La verdad, me enfadé bastante ya que los veía en la ciudad y ni se molestaban a saludar al cabo de un tiempo dejé de saludarles.

Una vez  encontré a Mia en una librería y me coloqué justo a su lado cuando ella hojeaba algún libro yo cogía cualquier libro que se encontrara delante suyo para que levantara la mirada y se fijara en mí, levantó la mirada varias veces y no dijo nada. Me enfadé mucho pensé que aquello ya era pasarse aunque aceptaba aquella estúpida separación pero… aquello no tenía que significar borrón y cuenta nueva ¿no? Habíamos pasado más de 14 años juntos. “Mia” dije mi voz sonó más grave y estridente de lo que me hubiera gustado. Ella se puso bien las gafas y se quedó unos minutos mirándome con sus grandes ojos marrones de color miel pero no dijo nada. La situación era increíblemente incómoda no podía parar de tragar saliva y notaba como empezaba gotear sudor por las sienes. Entonces pregunté: ¿No te acuerdas de mi Mia soy Michael? Mi voz sonó nerviosa y demasiado aguda.

Ella pensó unos segundos y se puso sus manos en su boca. Me pidió perdón me dijo que ya no se acordaba de mi debido al hecho de que había crecido (pegué un estirón de diez centímetros), había adelgazado (en realidad no supongo que era por el hecho de ser más alto ) y haberme teñido el pelo (de rubio a castaño oscuro). “¡Qué diferente estás!” volvió a pedirme perdón por exaltarse demasiado y le propuse tomar algo en una cafetería pero ella rechazó porque tenía una entrevista de trabajo. La acompañe a las oficina donde tenía la entrevista y conversamos.

La conversación fue rápida intercambiábamos cúmulos de información. Ella había terminado sus estudios de Diseño Gráfico y esperaba conseguir aquel trabajo, estaba prometida y su abuela había muerto. Le di mi pésame y cuando le pregunté por los otros la conversación se volvió lenta y fría “no sé nada” y al querer preguntarle más esquivó las preguntas con educación. Quise pedirle su teléfono móvil o correo cualquier cosa para continuar en contacto pero la llamaron para la entrevista y antes de irse me dijo “Cada uno tiene que continuar con su vida ¿recuerdas? El tiempo pasa para todos. Me alegro de haberte visto”.

Me despedí de ella. El último recuerdo que tengo de ella es su delgada silueta de espaldas llevaba un vestido verde oscuro de tirantes que le llegaba a las rodillas y su pelo largo, negro, liso recogido en un moño.

Caminé por la larga cuesta y sonreí por mis adentros. Podían pasar tantos años como uno quisiera pero Mia seguía siendo tan perspicaz y perceptiva como siempre.

Al cabo de dos años de aquel encuentro encontrarme con ellos era algo que no veía tan lejano y como en volver del viaje teníamos que pasar por aquellos lares pensé en pasar por el pueblo y reunirme con ellos.

Pero…

¿Qué me aseguraba que continúan allí en aquel pueblo esperándome? ¿Qué me aseguraba que no habían cambiado como aquel pueblo?

Ellos no eran como aquel mar que por mucho cambiase su alrededor seguía siendo el mismo. Ellos eran personas y las personas cambian por mucho que haya gente que intente negarlo. Uno no es el mismo que el de hace diez años,  nuestros gustos, la manera en qué vemos nuestra vida incluso pequeñas cosas como cuantas cucharas de azúcar pones en el café cambian al largo de los años.

Yo también había cambiado quizás era el que había cambiado más de todos. No lo sabía ni lo quería saber ya que en recordar como Mia esquivaba mis preguntes pensé que quizá ellos no me recordaban y no quería comprobarlo. No quería formar de sus recuerdos rotos no quería saber si formaba parte de sus recuerdos rotos.

Puede que al final se tratase de una amistad forzada. Y como si de un ovillo de hilo se tratara necesitaba ser desligada porque de las cosas forzadas si se intentan forzar más sólo se en sacan disgustos o se rompen. No pude evitar sonreír de manera incómoda.

 Además, ya no era un adolescente tímidas canas empezaban a surgir entre mi cabello.

El tiempo pasa para todos.

“Eres un cobarde” pensé pero me daba igual. Hay cosas que no cambian y esa característica mía era una de esas cosas y por mucho que digan lo contrario no hay que ser fuerte para vivir. Sólo hay que tener alguna razón para seguir adelante.

A veces, uno se imagina las cosas de una manera pero cuando está a punto de lograrlo se rinde se echa para atrás quizá no sea cuestión de ser un cobarde o no al fin y al cabo la vida no es blanca ni negra sino que está llena de matices de grises, a veces, echarse para atrás es una decisión savia.

Me levanté y sacudí la arena que tenía en mi camiseta.

Me disponía a avanzar por la larga cuesta que hacía la carretera cuando vi una silueta familiar.

¿Lo suponías? – le pregunté con una media sonrisa en mi cara. No podía decir si era una media sonrisa o una mueca o una media sonrisa y media mueca si aquello podía existir.

Me lo suponía…– dijo y su voz sonó serena y extrañamente reconfortante. Una sonrisa amplia se dibujo en sus labios y me preguntó- ¿Vamos?

No importa dónde si estoy contigo. No me importa perderme si estás conmigo.

Asiento con la cabeza.

Caminamos por aquella larga cuesta que hace la carretera juntos.

And after all

He is my wonderwall

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Acerca de Ambriosa

¡Hola! Me gusta leer y ver anime entre muchas cosas. El enfoque de este blog es publicar reseñas principalmente aunque no descarto publicar otro tipo de entradas como análisis, artículos de opinión, etc.
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